Durante los meses de invierno llega el frío, la humedad y el viento, por lo que es necesario aumentar los cuidados que damos a nuestra piel para protegerla.

¿Sabes cómo cuidar tu piel en esta época? Es más… ¿Sabes que si no lo haces, a partir de los 30 años, puedes desarrollar enfermedades como la rosácea? ¡Te lo contamos!

MENOS NUTRIENTES Y OXÍGENO

El frío contrae las venitas capilares de la piel, que disminuyen la irrigación sanguínea. Esto provoca que no llegue suficiente oxígeno ni nutrientes a las células, dejando la piel apagada y sin vida.

MENOS REGENERACIÓN

También retrasa el ciclo natural de la regeneración celular y se acumulan las células muertas, causando tirantez y falta de confort, ya que esta capa de células muertas impide que el sebo natural de la piel llegue para lubricar y nutrir la epidermis. ¡Por eso tienes la piel más seca y sensible!

ROJECES

Uno de los principales efectos de los cambios de temperatura en la piel. El cuidado y protección diaria de la piel, especialmente en rostro, cuello y escote, es fundamental para no desarrollar enfermedades como la couperosis (con rotura de los capilares en el rostro) o la rosácea (sensibilidad, rojez… ¡y hasta acné!).

SENSIBILIDAD NARIZ Y LABIOS

Los continuos resfriados, alergias y efectos del frío en general sensibilizan al máximo la zona perioral (alrededor de la nariz y los labios). Sus efectos, además de incómodos y antiestéticos, generan problemas como rojez extrema, descamación o escozor. Es esencial hidratar la zona con un protector labial para solucionar y prevenir dicho problema.

MANOS AGRIETADAS

Como parte más expuesta al frío y en contacto con nuestro entorno, sufre especialmente y requiere cuidado específico. Para mantener tus manos perfectas te damos varios trucos:

· Hidrata la piel de las manos regularmente con una crema específica.

· Usa guantes. Ayudan a mantener la temperatura y a proteger la piel del viento y la humedad.

· Lava tus manos con agua templada. El agua demasiado caliente debilita la capa protectora de la piel.

· Seca bien la piel tras cada lavado. Las bacterias se propagan con mayor facilidad en superficies húmedas.

¿UN ÚLTIMO CONSEJO?

¡Sí! Cambia de rutina de cuidado cada estación y especialmente con la llegada del frío.